DE ANA CASTELLAR
Leí Siempre has estado en mí porque ya había leído otra novela de la autora y, en esta ocasión, acabé encontrándome con una historia que me removió más de lo previsto.
La novela sigue a Martina y Braulio, dos adolescentes que se conocen en un instituto marcado por la crueldad, los abusos y la marginación. Lo que más me sorprendió es cómo Ana Castellar consigue que esa etapa oscura no se convierta en un simple telón de fondo, sino en una herida que ambos arrastran durante años y que condiciona profundamente su manera de amar.
Cuando Martina y Braulio se reencuentran de adultos, parece que las intenciones de él hacia ella no auguran nada bueno, pero tras las primeras interacciones, la novela cambia de tono sin perder su esencia. Hay momentos luminosos, casi tiernos, en los que parece que por fin podrán encontrarse de verdad. Pero también hay otros más duros, donde los compromisos sociales, los prejuicios externos y la indecisión de ambos se interponen como muros difíciles de derribar.
Me gustó que el libro no idealiza el amor: lo muestra como algo poderoso, sí, pero también frágil, lleno de dudas y contradicciones.
Otro aspecto que valoro mucho es la presencia de la amistad, especialmente la relación entre Virginia y Martina. Esa lealtad silenciosa, ese apoyo que no necesita grandes discursos, aporta un equilibrio precioso frente a la intensidad emocional de la trama principal. La novela no se limita a contar una historia romántica; habla también de la superación personal, de cómo sobrevivir a lo que otros te hicieron y a lo que tú mismo te sigues haciendo.
En conjunto, Siempre has estado en mí es una lectura bonita y dolorosa a la vez. Combina la crudeza de la ambición humana con la ternura del amor y la amistad, y deja esa sensación cálida y melancólica que solo provocan las historias sinceras.
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