DE ELIN LIBERTAD
Oscuros, la rebelión es una de esas novelas que te atrapan y te acompañan durante días, incluso cuando no estás leyendo. Elin Libertad consigue algo que no es nada fácil: mezclar romance, fantasía, distopía y ciencia ficción sin que ninguna de estas capas pese más que otra. Todo encaja con una naturalidad sorprendente, como si siempre hubieran estado destinadas a convivir en la misma historia.
La prosa de Libertad es precisa, directa y muy visual. No se entretiene en florituras innecesarias, pero tampoco renuncia a la belleza cuando la escena lo pide. Gracias a ese equilibrio, las más de 400 páginas se leen con una fluidez que sorprende. Es de esas lecturas que empiezas “solo un rato” y, cuando te das cuenta, llevas cien páginas más y no tienes ninguna intención de parar. A mí me ha pasado: he devorado el libro casi sin respirar, empujado por la necesidad de saber qué ocurría en ese desenlace que, por cierto, no decepciona.
Uno de los grandes aciertos de la novela es cómo aborda temas complejos sin perder ritmo ni caer en sermones. La cuestión racial, las diferencias de clase y la forma en que la sociedad construye jerarquías injustas están presentes en cada capítulo, pero siempre integradas en la trama, nunca como un añadido artificial. Libertad utiliza su mundo distópico para hablar del nuestro, y lo hace con una claridad que golpea sin resultar moralista.
También destaca la reflexión sobre las apariencias y el amor. La novela insiste en que el afecto verdadero no depende del físico, ni de la imagen que proyectamos, ni de las etiquetas que otros nos imponen. El amor, en este universo oscuro y hostil, es un acto de valentía que atraviesa cuerpos, razas y clases. Y esa idea, tan sencilla y tan necesaria, está tratada con una sensibilidad que se agradece.
En un género saturado de fórmulas repetidas, Oscuros, la rebelión se siente fresca, original y muy personal. Elin Libertad demuestra un dominio admirable de los códigos distópicos, pero también una capacidad enorme para reinventarlos y darles un toque propio. Es una novela que entretiene, emociona y hace pensar, todo al mismo tiempo.
Bravo por la autora. Ha creado una historia potente, adictiva y llena de alma. Una lectura que merece muchísimo la pena.
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