DE CARLOS PÉREZ
Hay finales que cierran una historia… y luego está Marusía, que no solo clausura una trilogía: la arrastra hasta su rincón más oscuro, más hondo, más inevitable. Desde la primera página se siente que aquí el mar no es paisaje, sino presencia; una amenaza que respira, observa y decide. Carlos Pérez construye una atmósfera que se mete bajo la piel. La niebla, la ría, los silencios incómodos y esa fuerza invisible llamada Marusía crean un entorno que no solo acompaña la lectura: la condiciona. Cada capítulo avanza con esa tensión que aprieta, que obliga a parar y respirar.
La novela combina con precisión quirúrgica investigación criminal, leyenda gallega y un componente emocional que atraviesa a los personajes. Iván, Luna, Sara y Helena regresan al norte no solo para enfrentarse a un caso, sino a lo que nunca terminó de irse. El pasado pesa, duele y reclama. Y en paralelo, Leo Olmo —desde su obsesión periodística— reconstruye un puzle de muertes, silencios y verdades incompletas que desemboca en una pregunta que lo consume: ¿qué es realmente la Marusía?
El concepto central es uno de los grandes aciertos del libro. No es solo un fenómeno marítimo: es una ley ancestral, una fuerza que decide destinos, una presencia que se respeta aunque no se comprenda. Esa mezcla entre lo racional y lo sobrenatural sostiene la tensión sin necesidad de artificios.
La ambientación es magistral. Galicia no es escenario: es personaje. La niebla, la lluvia, la ría, la música incompleta que resuena como un eco incómodo… todo contribuye a esa sensación de inquietud que no desaparece ni cuando cierras el libro.
Los personajes llegan a este final más humanos, más expuestos y más desgastados. Cada decisión pesa y cadada paso acerca al desenlace… pero no necesariamente a la paz. Y cuando todo encaja, el lector comprende algo incómodo: hay ciclos que no se rompen, solo cambian de forma.
El final es, sencillamente, espectacular. Sorprende, descoloca y cierra con precisión todo lo sembrado desde Morriña y Orballo. En definitiva, un final digno y apasionante.

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